En este contexto, tal y como recogen estas guías, resulta de interés fundamental reforzar la coordinación entre las políticas sanitarias y sociales, mejorar la formación de los profesionales de Atención Primaria, mejorar la concienciación de las personas que sufren ansiedad o depresión mediante programas de psicoeducación, aumentar la participación del paciente en la toma de las decisiones sobre su tratamiento, potenciar los entornos de trabajo saludables, incorporar la salud mental a la evaluación de los riesgos laborales, permitir la flexibilidad en la reincorporación laboral, evitar la estigmatización de las personas afectadas en los lugares de trabajo y facilitar el acceso a programas de tratamiento psicológico , entre otros.